Jugar a Amor

Este juego se llama Love, y voy a explicarlo con el dilema del erizo: contaba Schopenhauer que unos puercoespines tenían frío y querían darse calor mutuamente, pero, al acercarse unos a otros, se lastimaban con sus espinas. Más tarde, Freud propuso que así son las relaciones humanas: necesitamos del otro, pero nos hacemos daño. Este juego es igual: hay que acercarse, pero no demasiado...

































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